Indiscriminado

El pequeño aprendiz de escribidor atenta contra sí mismo y antes se aferró a la esperanza de que no se puede decir del todo nunca a lo mejor empero tal vez no se puede decir. Esa esperanza lo reconforta y lo sostiene y lo desobliga de querer decir. Allá va, entonces, a jugar, creyendo que en el juego es más decidor. Una sonrisa de lado delata cierta impunidad.

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