La calle y mi casa

Soy caprichoso desde que recuerdo. Lo sigo siendo, a decir verdad. Por suerte, mis viejos nunca le dieron demasiado curso a eso. La cuestión es que cuando me enojaba, la miraba a mi vieja y le decía, gravemente, (o por lo menos así lo creía yo) que “me iba a vivir con los sapos”. Los sapos estaban frente a mi casa, en una porción de terreno al que se dejó de desmalezar y en la que antes había habido una balanza para camiones. En la porción restante del terreno, una parcela de tierra en la que jugaba al fútbol (o por lo menos así lo creía yo) con los muchachos del barrio. Luego, la calle, y luego mi casa. Es decir, entre la balanza abandonada, comunidad de sapos improbables, y mi casa, había la distancia de una cuadra, o menos. Pero a mis 6 o 7 años, la sensación de irse a vivir con los sapos daba la sensación de lejanía y de inhospitalidad. Debe de haber sido una risa. Yo diciéndole a mi vieja “me voy…(pausa) con los sapos”. Emprendía la partida, mirando cada tanto para ver si mi vieja se asomaba para llamarme. Y nada. No pasaba. Entonces yo me iba hacia el malezal y me sentaba a esperar. Para agregar dramatismo, a veces agarraba unos Billiken y un paquete de masitas. Las Media Tarde, creo. Las primeras veces se hacía de noche y mi vieja me llamaba. Luego dejó de hacerlo. Parejamente, yo dejé de esperar y me quedaba sentado, simplemente alargando las estadías. No había sapos. Una vez se hizo la hora de comer y me dije a mí mismo que toda esa parafernalia era insostenible, burda. Y aparte tenía hambre y me parecía recordar que mi vieja esa noche había dicho que hacía
milanesas con puré. Me saqué el pasto de encima y empecé caminar a casa. Veo a lo lejos (o por lo menos así lo creía yo) que mi vieja salía de casa y me llamaba para comer. Unos metros más adelante en el malezal, veo a un pibe que se levantaba y caminaba hacia mi casa. Igualito a mí. Con la misma ropa que yo. Que le decía a mi vieja que ya estaba yendo. Me quedé parado, observando. Mi vieja lo esperaba y le decía “ay Norby, dejá de joder con eso de los sapos, andá a lavarte las manos que vamos a comer” y lo besaba. El pibe le decía “está bien, mama”. Me asomé por la ventana. Mi viejo puso un partido de Racing en la tele. El pibe comía en mi lugar y todo. Hasta hamacaba los pies cuando comía. Pegué la vuelta y no volví más. De cualquier manera, yo sólo miraba los partidos de River y las milanesas ya no me gustaban tanto, la verdad, desde que mi viejo había cambiado de carnicería.

sapos

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s